- Durante la segunda mitad del siglo XVI, se produjo un cambio temático en el género dramático francés, que abandonó la farsa y la sátira cómica, para orientarse hacia la tragedia de tipo histórico en el siglo XVII.
- El teatro francés será una conjunción de fórmulas dramáticas clásicas combinadas con la seducción barroca.
- Pierre Corneille (1606-1684). Sus primeras obras fueron comedias al estilo clasicista, deudoras del Renacimiento, que cosecharon un enorme éxito en los escenarios de París. Corneille abandonará la comedia para dedicarse de lleno a la tragedia, género que cultivó con singular maestría. El estreno en 1636 de "El Cid" supone la consagración del teatro clásico francés. Con él, Corneille logró recuperar para la tradición francesa el esquema trágico que presentaba el conflicto de un héroe enfrentado a su propio destino.
- La continuación del estilo y de la obra de Corneille la protagonizaría Jean Racine (1639-1699). Sus primeras producciones ("La Tebaida" y "Alejandro Magno") no constituyen más que imitaciones del teatro de Corneille. Pronto encontrará su propio estilo en obras como "Andrómaca" (1667). Su gran momento lo marcan las obras Mitrídates", "Ifigenia" y "Fedra", con las que Racine se convierte en el representante de la tragedia clásica francesa, al lograr reproducir con exactitud y maestría la tragedia de la Antigüedad clásica. De todas formas, las obras de Racine tienen un final feliz.
- Molière (1622-1673), comienza su carrera dramática con el estreno de comedias sin complicaciones, a imitación de las que entonces triunfaban en Italia y España, con el único fin de hacer reír y divertir a la gente.
- La etapa de madurez dramática de Molière comienza con el estreno en 1662 de "La escuela de las mujeres", obra en la que se aceptó definitivamente la fórmula cómica propuesta en sus primeros años. Sin embargo, la representación de "Tartufo" suscitó críticas muy duras y convirtió a Molière en chivo expiatorio de todos los problemas políticos y sociales de aquel momento y, sobre todo, de los que afectaban al teatro. "Tartufo" arremetía críticamente contra la hipocresía de la sociedad francesa frente a la virtud. En efecto, la intención de su gran trilogía seria, "Tartufo", ya citada, "Don Juan o el festín de piedra" (1665) y "El misántropo" (1666), es desarrollar desde otra perspectiva el tema de la hipocresía. Molière nos presenta al don Juan noble, pero empobrecido y moralmente corrompido por las malas costumbres.
- El teatro francés será una conjunción de fórmulas dramáticas clásicas combinadas con la seducción barroca.
- Pierre Corneille (1606-1684). Sus primeras obras fueron comedias al estilo clasicista, deudoras del Renacimiento, que cosecharon un enorme éxito en los escenarios de París. Corneille abandonará la comedia para dedicarse de lleno a la tragedia, género que cultivó con singular maestría. El estreno en 1636 de "El Cid" supone la consagración del teatro clásico francés. Con él, Corneille logró recuperar para la tradición francesa el esquema trágico que presentaba el conflicto de un héroe enfrentado a su propio destino.
- La continuación del estilo y de la obra de Corneille la protagonizaría Jean Racine (1639-1699). Sus primeras producciones ("La Tebaida" y "Alejandro Magno") no constituyen más que imitaciones del teatro de Corneille. Pronto encontrará su propio estilo en obras como "Andrómaca" (1667). Su gran momento lo marcan las obras Mitrídates", "Ifigenia" y "Fedra", con las que Racine se convierte en el representante de la tragedia clásica francesa, al lograr reproducir con exactitud y maestría la tragedia de la Antigüedad clásica. De todas formas, las obras de Racine tienen un final feliz.
- Molière (1622-1673), comienza su carrera dramática con el estreno de comedias sin complicaciones, a imitación de las que entonces triunfaban en Italia y España, con el único fin de hacer reír y divertir a la gente.
- La etapa de madurez dramática de Molière comienza con el estreno en 1662 de "La escuela de las mujeres", obra en la que se aceptó definitivamente la fórmula cómica propuesta en sus primeros años. Sin embargo, la representación de "Tartufo" suscitó críticas muy duras y convirtió a Molière en chivo expiatorio de todos los problemas políticos y sociales de aquel momento y, sobre todo, de los que afectaban al teatro. "Tartufo" arremetía críticamente contra la hipocresía de la sociedad francesa frente a la virtud. En efecto, la intención de su gran trilogía seria, "Tartufo", ya citada, "Don Juan o el festín de piedra" (1665) y "El misántropo" (1666), es desarrollar desde otra perspectiva el tema de la hipocresía. Molière nos presenta al don Juan noble, pero empobrecido y moralmente corrompido por las malas costumbres.
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